domingo, 15 de diciembre de 2013

DESVELO (2013)


Mi sueño se acaba de interrumpir por algún ruido que provino de la calle. Ahora, con los ojos abiertos en la oscuridad, atravieso el espesor indefinido del cielo raso.  Todavía confundido un poco por la estela de disparates del sueño que se esfuma, distingo en el cuarto algunos objetos que mi mente tarda apenas segundos en identificar. Me doy cuenta de que acabo de iniciar otro fastidioso lapso de insomnio; me revuelvo molesto en la cama y maldigo el día que me espera
 ahora con una hora o dos menos de descanso.

No puedo conciliar el sueño nuevamente; cada pensamiento jala otro, como los pañuelos atados que un mago saca de su boca; es como si durante el día estuvieran diluidos, pero cuando me desvelo como ahora se convirtieran en una especie de jarabe espeso, oscuro y embotaran mi conciencia. Mejor enciendo la lámpara de la mesita de luz.

Para estos casos siempre tengo a mano algún libro en el cajoncito. Estiro  la mano y encuentro una biblia Reina Valera.  Aparto con un dedo el grueso cuerpo color rojo de sus delgadas hojas (algunas arrugadas porque a veces suelto el libro al quedarme dormido) y mi vista encuentra al azar:

No tendrás temor de espanto nocturno,
Ni de saeta que vuele de día;
Ni de pestilencia que ande en oscuridad,
Ni de mortandad que en medio del día destruya.*

Me quedo pensando un momento en estas palabras. Cuando yazgo en la oscuridad a la hora de dormir, se abren las compuertas de un mundo de temores que queda soterrado durante el día cuando tratamos y negociamos con los otros en el imperio de la practicidad, persiguiendo nuestras metas y ambiciones. Pero ahora mismo, me siento como en el medio de una inundación.

Pero, ¿qué fue ese golpe que acabo de sentir detrás de la cabecera de mi cama?  Qué raro: la casa de al lado, donde vivía doña Sabina, está deshabitada hace años. ¿Será que sus hijos finalmente se dignaron a aparecer, aunque sólo para disponer de la casa de la viejita difunta?  Me habría enterado de alguna forma de que tengo nuevos vecinos, pero nunca supe nada al respecto.

La Reina Valera que estoy sosteniendo me obliga a pensar en ella, doña Sabina, la vecina evangelista que vivía con su perrita que giraba en dos patas al son de un canturreo que era así: (...). Ella tenía en su terraza un pequeño "jardín" de plantitas crecidas en latas tipo leche Nido o de aceite. Esas plantitas tenían flores, o simplemente eran aromáticas; creo que una de ellas era de ruda. Mi mamá solía pedirle a esta señora unas hojitas gruesas de cierta planta, que se apretaban para verter unas gotitas en el oído porque se suponía calmaba el dolor.

¿Hace cuánto que no pensaba en esta mujer solitaria, doña Sabina? Creo que murió sola como había vivido todo el tiempo mientras fue nuestra vecina. Nunca salía de su casa excepto cuando iba a su culto evangelista los sábados. Entonces se la veía bien vestida, con el cabello trenzado y recogido, su blusa blanca de encaje, su falda bordó de pliegues y unos zapatos humildes. Nadie más en el mundo podía irradiar tanta dignidad como doña Sabina.  

Unas pocas veces mi mamá le había pedido a esta señora que nos tuviera a mi hermana y a mí en su casa por unas horas mientras ella tenía que salir a hacer algo. Estar en el jardincito de su terraza, con todas esas latas y otras cosas arrumbadas de tal forma que el espacio parecía un laberinto, era como estar en otro planeta. Yo recién aprendía a leer y  relacionaba arbitrariamente  lo que decían las latas y sus ilustraciones con las plantas que contenían, y sacaba mis conclusiones. Y ni qué decir de lo maravillados que estábamos con la perrita que bailaba. Se llamaba Cuqui. Cuando nos cansábamos de las plantas y de Cuqui nos escurríamos por los rincones de la casa, en la que flotaba un olor como de naftalina y levantábamos cualquier objeto para inspeccionarlo. Doña Sabina nos dejaba tranquilos mientras se quedaba en su silla mecedora con su biblia. Fue por ella que tomé una biblia completa en mis manos por primera vez; fue el día en que la levanté de la mecedora cuando ella estaba en la cocina; al abrirla encontré por el medio el nombre RUT. Pensé que era por la nieta que vivió con ella por un tiempo corto y que la hacía renegar seguido.

Mis ojos vuelven a las páginas de la Reina Valera que estoy sosteniendo, pero por más que paso las infinitas hojas hacia atrás y hacia delante, no puedo encontrar el nombre Rut. Acaso los recuerdos se estén entremezclando como los caprichos de las visiones nocturnas y puedan no haber ocurrido en la realidad.

Pero sí, Rut existió  (o existe en algún lugar). Estuvo en la casa de la viejita el día en que murió Perón. Como ese día no hubo clases, doña Sabina nos cuidó a mi hermana y a mí durante la tarde. Quisimos ver los dibujitos en su prehistórico televisor Panoramic pero todos los canales mostraban el interminable sepelio. Así que nos quedamos jugando por los rincones de la casa con Rut. Por un momento, dejé a las dos y entré al cuarto de la viejita. La encontré sentada como siempre en su mecedora, con sus antejos de marcos gruesos, sosteniendo su biblia. La escasa luz en el cuarto provenía del velador a su lado, exactamente como estoy yo ahora...
    ---Doña Sabina ¿qué está leyendo?
    Me pareció que no me había escuchado pero el ruido que estaban haciendo Rut o mi hermana la hizo regresar de golpe. Asumiendo que era Rut quien causaba los ruidos molestos, gritó:
    ---¡Rut! ¡Ay, esta bandida, pero! —Y luego, volviendo a su biblia, protestó con una voz que parecía sollozar, ---: Esta chica poseída por Satán parece…

Me quedé mirándola, pensando en lo que decía. Si bien tenía una idea vaga de quién era Satán, no entendí por qué había dicho eso. Lo que me fascinaba era que sólo el borde de las delgadísimas hojas su biblia fuera rojo. Pero ¿qué decían esas páginas? ¿Por qué doña Sabina estaba siempre enfrascada en su lectura, y las únicas veces en que salía bien arreglada llevaba este libro con ella?  Ya a esa edad me hacía esas preguntas.

En un sueño que tuve una vez --uno en el pasado cercano-- ella alzaba la vista de su Reina Valera y, mirándome a través de aquel aparatoso armazón con sus ojos como de vidrio mojado, me contaba lo sobre lo que leía. Era como una revelación maravillosa, como la pieza que faltaba en un rompecabezas existencial. Lo terrible es que el sueño de pronto se cortó y con él se iba todo ese conocimiento que acaba de aprender por más de que trataba de retenerlo. En momentos como éstos, cuando estoy en esta frontera, vuelven esas inquietudes y los recuerdos; hasta que me despierto del todo o me duermo otra vez.

Vuelvo a sentir un golpe leve en la pared de la cabecera de mi cama cuando siento que me vuelvo a hundir en un no aquí ni ahora.  ¿A dónde iré esta vez? Si pudiera reencontrar a doña Sabina en su mecedora quizás me quiera repetir aquello y responder otras preguntas. Pero también voy a decirle que Rut no está poseída por nadie, que es sólo una niña traviesa… ¡Recién ahora han aparecido sus hijos! ¿Es usted la qué golpea la pared a estas horas?  Mis hijos no creen que conocí a Evita cuando ella no era nadie. –¡Usted no se meta con nosotros ni con nuestra madre, ella vive sola porque quiere!…. Hola Rut, ¿estos son tus hijos? --Sí, Jaime, ¿y vos tenés hijos? --Sí, están en casa, acá al lado. El mayor se parece a mí. Ah, voy salir por un par de horas, así que le quería pedir a tu abuela que me los cuide un ratito… --¿Y tu mujer?.. --No... no sé… Y le voy a pedir esas hojitas que sirven para el oído…--Jaime, es que mi abuela no va a poder cuidar tus hijozz zz z
















martes, 19 de noviembre de 2013

PERMITAME INTRODUCIRLO A "LA ALDEA DE CUATRO NOMBRES" (2013)






“... me toca ir a votar en una escuela que está
en ese barrio horrible”.

                                                  Un vecino de Pompeya



     Escribí la introducción para esta colección de historias del barrio Charrúa, o La Aldea de Cuatro Nombres, como la llamo yo, hace ya bastante pero la mantuve cajoneada todo este tiempo porque la explicación del porqué del nombre me había puesto en el embrollo de contar la historia de este barrio. Afortunadamente un amigo llamado Jorge Vargas lanzó una página web -bcharrua.com.ar- [Esta página web ya no funciona. En su lugar ahora está facebook/barrio.charrua] en la que me ahorra todo ese trabajo. Así que hablaré solamente de las historias que pueden encontrarse en esta página.

    ¿Tiene el barrio en el que vivo algún mérito que justifique que se escriban y publiquen historias (o cuentos si se quiere) acerca de él? ¿Es algún lugar que haya adquirido algún status o celebridad por algún motivo? No es Caminito ni es San Telmo –en cuyo caso estaríamos ante un barrio con un importante bagaje histórico/cultural, y no un rincón dentro de un barrio, como en este caso. Tampoco es tan diferente de otros barrios en la misma condición. Es tan sólo un lugar, el lugar donde uno ha vivido y crecido, y eso es todo. ¿Y por qué, si uno lo desea, no hacer todo un mundo a partir de meras vivencias cotidianas? Es tan simple como eso.  Los lugares y circunstancias por los que nos ha llevado el curso de nuestras historias, y todos los hechos y las personas que nos han rodeado podrían ser tan importantes y trascendentes como los de aquellos famosos que consumimos de los medios de comunicación. Porque, sí, por supuesto que también usted, querido lector, posee algo único que no posee nadie más, aunque no le parezca, y que es su propio bagaje de recuerdos. ¿Qué le parece salvarlo del olvido y del anonimato? Para eso, no creo que necesite participar de algún reality show, o aprovechar la oportunidad de saludar con la manito detrás de algún movilero de esos programas de televisión que abundan de un tiempo a esta parte. ¿Ha considerado si esos programas o esas celebridades lo representan? Me temo que de barrios como Charrúa, los medios de comunicación dicen solamente las cosas que mucha gente espera escuchar. Entonces si los multimedios no quieren o no pueden ofrecer lo que no prevé el público ABC1, entonces el producto deberíamos fabricarlo nosotros mismos. 

   Así que tengo la pretensión de presentar esta colección de historias de la Aldea de Cuatro Nombres, contando algunos sucesos o rescatando personajes que han vivido en ella, o usándola simplemente como una escenografía. No estoy seguro de querer llamar cuentos a estas historias; técnicamente podrían serlos aunque en tal caso me estaría arrogando el estatus de escritor cuando no lo soy. Entiendo sin embargo que cualquier persona que se sienta a escribir es de hecho un escritor, sin considerar cómo lo hace o cuán calificado resulta a los ojos de la crítica y de otros escritores. Me he resuelto desconocer esta disquisición y embarcarme en el ejercicio de la creación diletante, sin más límites que los que me ponen mi propia habilidad técnica y literaria.

    Estas historias no son crónicas excepto por menciones puntuales de sucesos que ocurrieron en el barrio (el boletín barrial, el Centro Cultural, el grupo de jóvenes). En algunos casos, partiendo de personas reales aunque cambiando sus nombres y modificando un poco las circunstancias que los involucraron, obtenemos “historias espejo”. Por supuesto que esto ya se ha hecho anteriormente; tal vez la forma de escribir estas historias se parezcan a lo que ya había hecho Truman Capote. Pero ¡por Dios, no me estoy comparando! 
   Y hay otra cuestión que quisiera también aclarar: no pretendo hacer de esta colección un homenaje sentimental  o una declaración de amor y fidelidad perpetua al barrio Charrúa, aunque me sé romántico y sentimental. Por eso lanzo esta página como quien lanza un mensaje en una botella en el océano de las millones de posibilidades de entretenimiento que ofrece internet.
   
    Ahora, van algunos comentarios sobre algunas de las historias:
  Como dije, no pretendo presentar hechos y personajes históricos (las historias no son crónicas) pero he tomado hechos verídicos y los he maquillado con ideas e invención, por lo cual los nombres han sido cambiados excepto los que figuran en, por ejemplo,  El Tukuy.
     El apodo del personaje de Ayala es real, se trata de un muchacho que vivió en el barrio hasta hace algún tiempo (aclaro, sigue vivo); el resto en esta historia de Ayala es parte leyenda, parte creación.
     Los personajes mencionados en El Fin del Mundo han sido reales, menos el nombre del vecino evangelista, el cual cambié para que no se tome a mal cierta broma. Acabo de agregar al pie la idea original que escribí en inglés, que por quedar inconclusa había descartado. 
   Indiana Jones y el Amor Perdido… no es más que un compilado de impresiones de gente que no vive en el barrio. Aclaro que opté por reproducir el tipo de opiniones que me parecen más comunes y que felizmente no son las únicas.
   La Ñusta tal vez sea la primera comedia romántica de la colectividad boliviana en Buenos Aires (ya hemos tenido suficiente de las producciones de Adrián Suar, ¿verdad?) que de haber servido para hacer un guión para una película habría sido dirigida por Enrique Carreras (sí, el de las comedias light de Palito Ortega) por su exasperante ingenuidad y por algunos clichés que he puesto deliberadamente. La historia de cómo surge este cuento de casi treinta páginas dividida en cinco partes aparece en la primera de ellas. 
   El que considero que abre la colección se llama En Un Principio. No digo que sea el principio del barrio porque tiene algo de autobiográfico. También son autobiográficas las historias Terrazas, que fue publicada en el periódico Renacer, y ¿Qué Ocurre en La Calle…?  En estas dos últimas los nombres de don Héctor y mi amigo y vecino Gustavo son reales.
   En ¡Pido La Palabra! les digo a los vecinos que si se reconocen en algún personaje que tomen la historia como una especie de homenaje. Yo fui realmente secretario de actas de esa comisión vecinal así que la historia es casi tal cual. Mis amigos no estuvieron de acuerdo con el comentario con el que finalizaba la historia originalmente, en el que yo expresaba un poco mi frustración respecto del barrio, así que eliminé ese final.
    El Loco Lagaña es apenas una estampa de un personaje inolvidable del barrio. Lo hice originalmente en inglés  para una clase de lengua de ese idioma reescribiendo un cuento que escribió mi amigo Fredy en 1991. 
     En La Margot, usé la palabra puta en el sentido coloquial de toda la vida. No sé si hoy en día pudiera acarrearme algún problema por discriminación con el INADI, pero aclaro que no he tenido el espíritu de discriminar a nadie. Tampoco es mi intención discriminar a los travestis mencionados en La Noche de la Víspera. Esta historia es una especie de respuesta a un cuento que escribió Gustavo Barco (un vecino del barrio) con temática gay. Lo que escribí yo, me parece, habría sido menos interesante si hubiese sido contada desde la “vereda de los pibes normales”. De este muchacho, Gustavo Barco, recomiendo en forma apremiante su cuento “La Traición a Chaquicito,” que se puede encontrar en bcharrua.com.ar   El mismo bien podría integrar esta colección.
      Dani  y  Domingo son cuasi-ficciones.  Son el resultado de mirar alrededor y ponerse a escribir desordenadamente algo instantáneo. 
      En ¿Quién Pudiera...? imaginen la voz de un niño de ocho años que llega desde mediados de los años '70. Sobre esto debo haber escrito como cinco páginas pero puse sólo unos pocos pasajes que no se pueden reducir.
      Una de las historias me llevó a un futuro imaginario en la tercera década de este siglo: Charrúa 2031, Odisea en el Futuro; en ésta debo reconocer la inspiración que me dio Jorge Vargas  con un comentario que me hizo sobre “un proyecto de turismo cultural, como estrategia para mejorar del barrio”. 

      De manera que pasado, presente y futuro están cubiertos en esta colección. Debería ampliar esta introducción porque en 2013 agregué muchas más historias, algunas bastante extensas y complejas.  
    
    Y ahora sí, finalizando, agradezco a mis amigos Guillermo Mamani, Fernando Ríos y Jorge Vargas por leer las historias y darme sus opiniones; especialmente mi gratitud a Fredy Heredia con quien desde hace años venía intercambiando  y discutiendo cosas que inventamos como si fuésemos graaandes escritores. Por tener qué mostrarle el verano pasado comencé a escribir cosas sobre el barrio sobre el que alguien me dijo una vez que “no daría dos pesos”.

                                                                     
    
                                                                                                                                                Eusebio Natanel  (2013)


domingo, 17 de noviembre de 2013

¿EL SABOR DEL ENCUENTRO? (2013)

Toda esa gente que está en la pantalla,
Que no es como vos, ella o él…
No es toda la gente argentina
Que pretende haber.

Un tablero y fichas de un solo color
No es de damas ni es para ajedrez.
“El Sabor del encuentro” entre ellos,
Y nosotros nada que ver…

No son como yo, no son como vos.
El sabor del encuentro
No te encuentra a vos.
No son como vos, no son como yo
que salga el arco iris
con más de un color.

Si en tu país te sentís extranjera,
Amiga, eso e$ publicidad
Pero con los libros de historia
tendrás tu lugar

Una industria quiebra, da menos ganancia:
la venta de cama solar.
El mundial envuelve un par de semanas
pero gana el color de la realidad.

No son como vos, ni son como yo
El sabor del encuentro
No te busca a vos
No son como vos, no son como yo
Que salga el arco iris
con más de un color.

Amigos queridos, llegados de otro hemisferio:
La diversidad no es misterio,
Aca están nuestros DNI
Si hay sólo un “sabor del encuentro”,
Se buscan un futuro incierto
No somos extraños, 
Ni la realidad es publicidad...

No son como vos...





 4/4 Guitar chords:
verse: C Em Dm
F Dm F G F G

chorus C Em Dm
F C F G

Bridge: Am Em
Dm C7
F G C Am
F Fm G7



Words and Music by Jaime Castro R.
Original version: 1998
Lyrics rewritten in 2013

Esta canción fue compuesta en 1998 en inglés con el tìtulo I Call your Name. La letra original hablaba de una pareja marginal que no se sentía feliz y de la frustraciòn que sentía uno de ellos. Ahora a la misma estructura de acordes le puse otra letra en castellano que me parece más significativa: habla de darse cuenta de que la gente vive inmersa en la hegemonía de un perfil socio-económico en Argentina el cual está representando en la canción por la gente que se muestra en las publicidades de la cerveza Quilmes.  Hay otra alusiòn muy vaga (humorìstica) al texto de  una antigua publicidad de la fragancia femenina Impulse. Es como una canción de protesta pero que no se queda en la simple rebeldía: invita a la reflexión, al debate y, en definitva, plantea la integraciòn de las supuestas minorías que están fuera del “Sabor del Encuentro”. Admito que el texto de la canciòn es unilateral pero se supone que actúa en contra de la corriente.

This song was written in 1998 in English with the title I Call your Name. The original words were about an unhappy, outsider couple and the frustration of one of them. Now I've taken the same chord structure and replaced  the lyrics for others which appear to me more meaningful.  It's about becoming aware of the fact that people live under the hegemony of a well-to-do (looking) social class, portrayed in the song by the people featured in a series of TV advertisements for an Argentinean beer whose trademark is Quilmes. The slogan used by this product is "The meeting's flavour". There is also a rather vague allusion to another TV advertisement of a fragrance for women, Impulse (trademark), whose text is used humorously. It's a like a protest song but one which is not content with just being rebel: it also invites to reflect on this issue, it may trigger a debate and, ultimately, stand up for the integration of the supposed minorities that lie outside "the meeting's flavour". I admit that the song text is monoglossic but it is intended to counteract the tide.






sábado, 19 de octubre de 2013

ALGUIEN DEBERIA ESCRIBIR ALGO SOBRE JORGE VARGAS. AH POR CIERTO, A TRAVES DE SU PAGINA bcharrua.com.ar ME ENTERO QUE HAY ALGUIEN CON QUIEN COMPETIR: GUSTAVO BARCO (2013)









   --Hola Gustavo. Che, te felicito por tu cuento de “Chaquicito(1)”. Me fijé por casualidad en la página de Jorge, no sabía que estaba actualizada. Y vi tu cuento. Me gustó mucho.
  --Ah, gracias. Yo también leí el tuyo, está bueno. Es laaargo…



  








































(0) Encontré a Gustavo Barco en el pelotero de McDonalds en Pompeya. Estaba con su familia. Yo estaba en un cuartito detrás del pelotero. Ahí vi cuando llegó.
(1) El cuento "La Traición a Chaquicito" de Gustavo está en la página de Jorge (un amigo común del barrio) en bcharrua.com.ar en la sección Cultura/ir al archivo.







sábado, 24 de agosto de 2013

DANI (2013)





       Una niebla fría desdibuja las formas de unos chicos que están sentados debajo de un toldo a la puerta de un negocio de comidas que solo se abre cuando hay un partido en el Gasómetro(1)La avenida Cruz a la izquierda, ya sin las franjas de pasto que arrancaron las obras del Metrobús, parece ahora una pista de carreras de una competencia en la que muchos –incluidos especialmente estos que se juntan debajo del toldo-- no podrán participar.
        El barrio, así como está, es como un refugio. Creo que así lo han visto siempre los de este grupo que nacieron allí y otros de su misma generación. De tanto en tanto unos policías vestidos de verde con armas largas (2) aparecen por el lugar, pero los del toldo saben qué hacer en esos casos. Verlos allí te hace pensar que para ellos nada importa ya. Nada, excepto quizás lo que pudieran conseguir para ellos mientras estén dando vueltas por ahí.
           A uno de éstos, que le dicen Pekerman, se lo llevó la policía, segùn lo que comentan los vecinos. La última vez que lo vieron deambulando por el barrio fue alrededor de la última navidad, cuando aparecía con cosas que afanaría en las inmediaciones. Lo más común --según decían-- era que le arrebataban las mochilas o las carteras a la gente que viajaba sentada en el último asiento en los colectivos, junto a la puerta de atrás. Al descender la ùltima grada, Pekerman estiraba la mano y en un abrir y cerrar de ojos corría con el botín como loco para perderse en las penumbras intimidantes del barrio.
        Podría decir que yo he aprendido a perderles el miedo. Cuando llego tarde a casa  y paso por el toldo los miro disimuladamente como quien mira todo alrededor. Reconozco a los del grupito, durante un tiempo son más o menos los mismos. Escucho a veces mencionar el nombre Pekerman pero nunca sé si se encuentra ahí entre ellos.  En realidad los integrantes van cambiando; siempre se suma temporalmente alguno que es desconocido en Charrúa. Si no se los observa con detenimiento no se los distingue: es que se ven todos iguales con esos  equipos de gimnasia  amplios y la infaltable gorrita de pato, debajo de la cual, las carnes de las mejillas están secas y los pómulos se afilan.
     Pienso en las conversaciones que se dan en mi trabajo sobre la inseguridad. Mis compañeros de clase media viven en lugares que se supone eran mejores hasta que la delincuencia y el miedo llegaron también. Esta gente no duda en decir que la policía debería andar con una ametralladora y cagar a tiros a los chorros(4). “Hay que matarlos a todos”, y lo dicen con tal naturalidad que uno se pregunta en qué creerán o qué valores les habrán inculcado. He discutido con ellos acaloradamente por su despiadada mirada sobre este tema. Todo, para que un vecino del barrio me contara hace poco cómo entraron a su casa y se llevaron cosas, y que por eso, dijo puteanto y mirando desafiante hacia aquel rincón del toldo estando el grupito allí,  iba a comprar un arma para tenerla lista la próxima vez que se metieran con él.
       Ya no salgo mucho a la vereda como antes. No queda ya gente conocida para charlar; ni siquiera tiene sentido estar ahí afuera para chusmear qué gente nueva hay en el barrio. Los inviernos entonces se hacen más desolados y solitarios. Y la presencia de este grupito no hace las cosas para nada mejor.
    Al principio de los años noventa, Charrúa todavía conservaba cosas del barrio en el que nací y crecí, si bien de a poco iba transformándose en un lugar distinto de lo que muchos imaginábamos se iría a convertir. En esos años vivía cerca de casa un tipo que, por las habladurías de los vecinos, era de los pioneros con el tema de la droga. No tengo idea de si sólo consumía o también vendía. De todos modos, en el pasado este asunto consistía en historias aisladas, cubiertas por un manto de misterio; y quienes estarían involucrados eran  personas muy raras, como poseídas por una especie de poder  maligno. ¡Cómo han cambiado las cosas! Hoy en día uno se da cuenta de la presencia de la droga tan solo con pararse a tomar un poco de fresco a la vereda; es algo tan cotidiano como la señora que sale a barrer.
       Pero estaba recordando los primeros años de los 90', cuando Charrúa todavía se parecía al barrio que fue. Este tipo al que me estaba refiriendo tiene un hijo: Dani. Como la familia vivía cerca de casa puedo decir que conozco a Dani desde que nació.  He visto a su madre llevarlo en brazos, envuelto en esas mantas para bebés. Pronto (porque el tiempo vuela, ¿o no?), Dani era un chiquito más que corría por los pasillos gritando con sus amiguitos. Recuerdo especialmente una ocasión en que salió de su casa con una toalla atada al cuello cantando la canción de la vieja serie de los sesenta de Batman. Jugaba con los otros a que peleaban haciendo el ruido de los golpes y todo eso.  Ese día, no sé por qué yo estaba medio bajoneado, había salido a la vereda para cortar con la sensación de opresiva que me producía estar encerrado en casa. En la vereda sin darme cuenta me quedé mirando a Dani, que jugaba y mi melancolía se disolvió en una sonrisa. 
       Años más tarde, Dani ya había entrado en la adolescencia. Por aquellos años había un programa local de televisión para adolescentes llamado Rebelde Way que estaba de moda, con esos chicos y chicas de casting, muy lindos, en sus típicos enredos sentimentales. Como nos conocíamos de siempre, con Dani nos saludábamos cuando nos cruzábamos; buena onda, sólo eso. Un día empecé a decirle cada vez que me lo encontraba “¡Eh, Rebelde Way!” porque Dani había adoptado cierto peinado de moda, como los de los personajes de aquel programa juvenil. Entonces Dani automàticamente me respondía lo mismo: “Eh, Rebelde Way”. Y así, nuestra limitada relación quedó reducido a aquel saludo tonto.
       Pasaron unos años más y las sonrisas de ternura se convirtieron en recuerdos lejanos. Las banditas de adolescentes que paraban en las esquinas en medio de una nube de marihuana iban sucedièndose una tras otra, ya sea porque los integrantes terminaban su corta vida, o porque se decía que se los llevaba la policía o por alguna razón que no se llegaba a saber con certeza pero que se podía intuir. Las drogas también se iban haciendo más perversas y las consecuencias  peores. Pronto empecé a ver también que Dani empezaba a juntarse con los de esas banditas que paran debajo del toldo. Cuando yo volvía del trabajo y pasaba cerca escuchaba "¡Eh, Rebelde Way!" Y por un tiempo yo le contestaba lo mismo, como era nuestra costumbre. Luego cuando noté que Dani se involucraba más y más en los movimientos de los del toldo --debo decir que no sin culpa--  empecé a ignorarlo.
       Hace poco, una noche volvía a casa con los auriculares del celular escuchando música. Pasé cerca del grupito pero el hecho de estar “enchufado” era una buena excusa para "ignorarlos" por completo. Pero mientras me acerco a la puerta de casa siento que una voz me viene diciendo algo. Me doy vuelta y veo a Dani que viene casi pisándome los talones. Con la luz débil de un foco que iluminaba el pasillo,  me sobresalté por su cara, la verdad que su expresión metía miedo. Evidentemente estaba drogado con algo peor que el porro, cuyo olor emanaba sus ropas.
          --- Che, Rebelde Way, dame plata.
       Iba a contestarle algo pero decidí quedarme callado y hacer como que no lo había oído; me di vuelta y seguí caminando. En eso siento un manotazo que impacta con gran violencia en mi cabeza por detrás. Me detuve sin saber qué hacer ni decir, estaba shockeado. 
      ---¿Qué? ¿Me vas a denunciar con la policia, la concha de tu madre?
        Hice lo posible por no reaccionar de ningún modo. Creo que no tenía sentido. Sabía que sus amigos estaban ahí cerca, ellos no tenían nada que perder. Pocas veces me había sentido tan impotente y alterado. Alcancé a ver la cara lívida de Dani, ensombrecida por la visera, deformaba su campera estirando las manos dentro de los bolsillos; estaba tenso, listo para atacar de nuevo pero de pronto dio media vuelta y regresó al rincón aquel debajo del toldo junto a los otros. Entré a casa, cerré la puerta con llave y me fui a dormir.

       Poco tiempo después, cuando compraba en el kiosco multirubro de la esquina(5) la chica que atiende que siempre me cuenta cosas que pasan por ahí me dijo:
   ---¿Te diste cuenta que la esquina está màs tranquila ùltimamente?
       --- Puede ser, ya no se ve tanto a la bandita esa que para ahí en el toldo. Bueno, ahi están algunos ahora pero no los conozco a todos.
        --- Es que dicen que se llevaron a Pekerman.
      --- Sé que hay uno de esos que le dicen así pero la verdad que no lo ubico, no sé quièn es.
      ---¡Pekerman! ¡Cómo no lo conocès!
      --- No...
      ---¡Dani!  ¿Cómo no lo conocés...?




(1) Gasómemetro: Se llama así al estadio de fùtbol del equipo San Lorenzo de Almagro, que se encuentra dentro la Ciudad Deportiva de este club, a pocas cuadras del Barrio Charrúa.
(2) Se refiere a personal de la Gendarmería Nacional que en el presente está afectado a la vigilancia de la zona en que se encuentra el barrio.
(3) Afanar: en Argentina significa hurtar.
(4) Chorros: (Arg) ladrones.
(5) Es el kiosco multirubro que se menciona en la historia "El Fin del Mundo", y es el mismo lugar mencionado como el almacén de Don Delmiro en la historia "Quién Pudiera..." ambas historias de esta colecciòn.



viernes, 26 de julio de 2013

LA ÑUSTA (Conclusión)

Esta historia está dividida en cinco partes. Esta es la última. Para ir al comienzo, vaya a la columna de archivo del blog y abra el 30 de junio.


Era el miércoles siguiente. Juliana vio a Tony entrar al bar alrededor del medio día. El tenía una sonrisa como de un niño como cuando sale de la escuela. El patrón del bar hablaba por teléfono, así que ella se acercó hasta donde había quedado parado.
--Hola Casimiro. ¿No has ido a trabajar hoy?
--Tony nomás dime. En mi trabajo he pedido permiso para venir a verte un ratito.
Ella se quedó mirándolo en silencio. Él la miraba también, con ojos de enamorado, no lo podía evitar. Estaba ansioso por contarle lo que había hecho para ayudarle. No sabía como empezar. Finalmente decidió simplemente pedirle de encontrarse con él.
--Algo tengo para contarte sobre ese dinero que te deben. Seguro estoy de que pronto te van a cancelar...
    Ella quedó sorprendida. De pronto los interrumpió el patrón del bar con una expresión poco amigable al advertir la presencia de ese muchacho cuya cara ya le era familiar.
---Juliana, teléfono para vos.
---Si son los gusanos--, dijo Tony sin que la cara del patrón apagara su sonrisa. y aclarando lo del mote aquél---, te están llamando por lo que te estaba diciendo--. Juliana seguía sin entender.
--- ¿Cómo sabes?
--- Todito lo que pasó con esa gente te quiero contar. ¿Podemos vernos esta noche cuando salgas de aquí?
   Ella se quedó mirándolo. Vio a su patrón  sosteniendo el tubo del telèfono, impaciente. --- Esperame un poquito, voy a ver quién me está llamando, ¿ya?.
      Ahora que estaba solo, espantado por las dagas que lanzaban los ojos del patrón, Tony salió a esperarla sobre la vereda. A través de la ventana vio que Juliana, al teléfono, al principio se sorprendió; después irradiaba satisfacción mientras su esbelto cuerpo se mecía suavemente, la mirada perdida. Cuando terminó de hablar, salió a ver a Tony.
--- Esta noche no va a poder ser. Un compromiso tengo.
--- ¿Con quién?
---Tenías razón: dice que me van a pagar hoy a la salida de aquí---. Su sonrisa de satisfacción era contagiosa. Tony estaba tan o más contento que ella; estuvo a punto de contarle todo lo que había pasado y cómo él se había involucrado, pero el patrón apareció junto a ellos.
---Che, dejala. Está en horario de trabajo.
    Juliana se apresuró a despedirlo. ---Mañana nomás nos vemos a la salida ¿ya?
--- ¿Hoy nomás te pagan entonces?
--- Así ha dicho.
---¿La mujer  del patrón del Félix?
--- Su hijo me ha llamado...
     La sonrisa de Tony se achicó, pero él se esforzó en evitar que desapareciera.
---Mañana jueves, nos vemos ¿ya? A la salida.
    Un golpe de fastidio del patrón sobre el mostrador que sonó como un estampido hizo que se despidieran rápidamente. La dicha no había quedado completa para Tony. Mañana se encontrarían, sí, pero ¿qué tenía que ver el gusanito en todo esto? ¿Le habría pedido Estela Guzzano que se ocupara del pago? En ese caso mejor le hubiera adelantado a Juliana sobre su intervención y la de su amigo en el asunto. Ahora solo quedaba esperar para verla al día siguiente. Con una mezcla de pensamientos dándole vueltas por la cabeza se fue caminando de regreso a la obra donde le esperaban sus compañeros y mucho escombro para transportar..


      Pero retrocedamos un día, al martes por la noche. Era el cumpleaños de Estela Guzzano. La familia cenaba en la casa de Parque Patricios.
  --- ¿Y no dijiste que te ibas a regalar una cartera, como la de Mirtha Legrand?---, preguntó Chiche Guzzano sin mirar a su esposa, que estaba sentada a la mesa a su lado.
--- No. Mis ahorros son para otra cosa--, dijo Elena con bronca por haber tenido que renunciar a esa cartera. Ni loca iría a contar sobre la advertencia de que pagara la deuda a Juliana y lo de la “bruja”. Chiche la habría matado.
     Federico iba a sacar el asunto de la deuda, pero era innecesario ahora porque él también había estado actuando en secreto.
---Sí, mejor guardá tu plata para los gastos de Italia. Yo más no pienso gastar, eh ---, dijo Chiche con la boca llena.
---¡Ah no! Vos algo me tenés que regalar. ¡Y de Europa, eh!
--- ¡Olvidate! Fede, pasame el pan.
---Che, dejen de pelear. Después mamá empieza con la jaqueca…
---Se supone que no voy a volver a tener más jaquecas ---, dijo Estela, mirando hacia la pequeña superficie de pared arreglada por el albañil boliviano. No habían aparecido otras manchas, lo cual era un buen signo.
---Y vos Fede, ¿Ya contrataste nuestro paquete(1), ya hiciste todo?--, dijo Chiche.
---Sí, ya hice todo. Ahí están los vauchers--- dijo el hijo señalando un mueble en el comedor. Estela se levantó para agarrarlos.
--- ¡Ahora no, mamá. Sentante a comer!
Pero Estela no hizo caso. Cuando agarró los vauchers chilló como una ambulancia.
---¡Ay, te mato! ¡En ATI Viajes, no! ¡Es una agencia de merda…!
---Bueno, ustedes siempre quieren ahorrar, ATI tiene precios buenos.
---¡Después quiero ver la diferencia en el saldo de mi cuenta, eh!-, lo interrumpió Chiche.
---¡Me vuelve el dolor de cabeza! ¡Aaaay!
   El grito de Estela salvó a Federico de la auditoría financiera de su padre. No convenía que la hiciera. Estela se levantó y volvió a la mesa con algo que había sacado de su cartera.
--- ¡Madre mía!. ¿Qué hacés con ese salero en tu cartera?---, dijo Chiche llenando su vaso con vino tinto.
---¿Qué es eso que me ponés? ¿Me querés envenenar por lo de ATI Viajes?—dijo Federico viendo cómo su mamá agitaba el salero con el locoto en polvo que le había dado doña Dorotea de Charrúa sobre el plato de los sorrentinos que estaban comiendo.
---Es un condimento boliviano – dijo Estela.
--- A mi no me pongas---, dijo Chiche con cara de asco.
---A ver… ---dijo Federico, interesado. “Un sabor de su tierra”, pensó, y  llevó el tenedor con un sorrentino a la boca. El picante era tan fuerte que la boca le dolió. Se puso rojo como una de las franjas que tienen en común las banderas boliviana e italiana. Le arrebató el vaso a su padre e hizo “fondo blanco”.
---- Por un rato, te va a pasar cualquier cosa menos dolerte la cabeza.---dijo Estela a su hijo.


    Jueves a la tarde. Tony la fue a esperar como habían arreglado.
   ---…entonces me ha dicho: “tomá, esta es la plata que te deben mis viejos,” y me ha dado un sobre. Yo lo miré y le dije: Pero tu mamá ya me ha pagado hoy. Por el bar ha venido a la tarde. Me hecho firmar un recibo. Y al patrón también le ha llamado para que sea testigo…
   Juliana le contaba a Tony lo que había pasado el día anterior, miércoles, cuando finalmente le pagaron. El la acompañaba a que  tomara el colectivo a su casa, en Villa Celina. Tony ya le había contado sobre su participación en el plan del ojeo y la mancha de humedad. Por supuesto, Félix recibió su crédito. Las risas de ambos hacía que los transeúntes que andaban por la Avenida La Plata se dieran vuelta para verlos.
--- ¿Otra vez te ha querido pagar el gusanito, entonces? Si la vieja más temprano la plata ha ido a largar…
---¡Y qué loca estaba! “¡Más vale que ya no me duela más la cabeza o a Migraciones te voy a reportar!” me ha gritado delante de la gente, pero(3)...
   Tony se rió y disimuladamente puso un brazo alrededor de los hombros de Juliana. Ella simuló no darse cuenta. A él no le habría importado si hubieran tenido que caminar kilómetros.
--- No entiendo, pero. Si la mujer ya te pagó. ¿Por qué el hijo otra vez también te ha querido pagar?
--- Sí, pues, no sé por qué. Pero yo no lo he aceptado, aunque Federico mucho insistió en que lo tomara nomás(4), como compensación por cobrar tarde…
    A Tony no le gustó que ella llamara al “gusanito” por su nombre. Y dijo a pesar de sí mismo:
---Igual nomás, debías agarrar...
---No. No he querido.
---¿Y después qué han hecho?---, preguntó mirando a Juliana a la cara. La dicha de ir caminado con su ñusta ese hermoso anochecer se opacó por un instante.
---Después me ha mostrado las habitaciones de su departamento para cuando vaya a limpiarlo. Y después me he venido a mi casa.
---Y… ¿eso nomás ha pasado?—preguntó Tony temiendo la respuesta.
   Justo llegaron a la esquina de La Plata y Avenida Cruz. A lo lejos distinguieron al colectivo que se acercaba. Cruzaron la avenida corriendo hasta alcanzar la parada.
---Y eso nomás ha pasado---, dijo ella finalmente recuperando el aliento. En realidad, se guardó algunas cosas que sabía no le iban a gustar a Tony.
    El último espacio que Federico le había mostrado  de su departamento de Palermo fue el balcón con vista al Río de La Plata que asomaba por detrás de las líneas del ferrocarril. Ya había oscurecido, y la vista de la ciudad era soberbia. Juliana había quedado un momento contemplando embelesada el mar de luces. Y ahí fue cuando él se aproximó por detrás, y la tomó de cintura y pegó su cuerpo al de ella. Sorprendida, se dio vuelta y él la besó en la boca. Ella fue directamente a la puerta para salir de allí. El pidió disculpas pero intentaba seducirla con sus armas de galán. Hasta que abrió a boca:
---Juliana, disculpame, no quise propasarme pero para mí sos como un fuego que me quema por dentro después de comer un condimento de tu país--, dijo él sin pensar en lo que decía. Ella lo miró perpleja y puso su mano en el picaporte de la puerta. Ël ofreció llevarla en auto a su casa en Celina.
  Durante el viaje de vuelta él le contó cómo había hecho para deducir de los gastos de las vacaciones de sus padres el dinero adeudado. Ella dijo que lo devolviera ya que su madre le había pagado. Él le propuso riendo que ella lo guardara como garantía en caso de que a él se le diera también por no pagarle cuando ella limpiara su departamento. Lamentó --sin embargo-- haber hecho esa broma porque ella dijo que mejor no iba a trabajar para él, y tan seria se puso que él volvió a pedirle disculpas por el beso en el balcón. Durante el resto del viaje a Celina solamente se escuchó la radio del auto.

---Quiero verte más seguido, como amigo nomás— dijo Tony retirando disimuladamente el brazo de sus hombros. Era como si hubiese presentido la suerte de su competidor; ella se había puesto de pronto muy seria.
--- No te engañes. Los hombres siempre quieren más.
---Ya. Lo juro, como que me llamo Tony.
--- ¿Has visto? Casimiro te llamas, no Tony.

    Pararon el colectivo, y antes de que ella subiera se despidieron con un beso en la mejilla sin que él dijera de verse otra vez. Pero una vez que Juliana pagó el boleto, y ni bien se ubicó en un asiento doble que estaba libre junto a la ventanilla, Tony apareció a su lado.
---Es que yo voy hasta Charrúa...
--- ¡Vamos pues, Casimiro!
--- Shhhh
---Pero Casimiro te llamas. Lindo nombre es, zonzo.
   Un adolescente que iba de pie junto a ellos revoleó los ojos por lo hilarante del nombre. Al ver que eso la divertía, él se vengó pasando de nuevo un brazo por sus hombros. Ella no lo rechazó. Cuando pasaron por Charrúa, él no se levantó para bajar. Ella lo miró perpleja y él le mostró su boleto.
---Hasta Celina he sacado.
---Si vienes conmigo te vas a ojear --, le dijo ella con la misma expresión que tenía cuando contempló la vista nocturna de la ciudad desde el departamento del “gusanito”. Y Tony le robó un beso.
    En este segundo viaje que Juliana hacía acompañada a su casa en Celina hubo, en cambio, risas por la operación “albañil-chamán”, silenciosas y profundas miradas y hubo más besos.
     Tony y Félix habían viajado muchas veces a Villa Celina para disfrutar alguna comida típica de Bolivia, pero para Tony –o Casimiro, si quieren— en esta ocasión, el simple y ordinario viaje en colectivo a ese lugar tuvo el efecto de convertir las canciones de su cassette Románticos de Ayer en realidad.



                                                                                                                              F I N



Escenas que no entraron:

---Estela, ¿te quedó algo de ese picante? Me está doliendo mucho la cabeza…
---No, ¿sabés que no? Cuando volvamos al país voy a ver a esa bruja para comprar más. Pero tenés que acompañarme, es un barrio boliviano muy jodido.
---¿Bruja? ¡Para qué querés si vos ya sos!



---¿Qué estás haciendo con eso, Félix? Andá más bien a levantar un poco a la wawa. ¡Mirá cómo esta chillando, pues!
---Ya, enseguida. Estito quiero ver si arreglo. Es el caset del Tony que yo se lo hei roto.
---¡Qué caset ni caset! ¡Caset te voy a dar!
---¡Nooo!…¿y ahura? ¡Ya no se puede rescatar la cinta, pero!



--Mate de coca nomás debí haberle ofrecido a esta señora argentina. O alguna piedrita para sacar el aire…
                                     (Doña Dorotea)


--¡Corte! No, querido.  Dejate caer con todo el peso del cuerpo. Si no el cassette no se rompe.
-- Si lo ponemos de canto se rompe más fácil.
-- Bueno… Escena 604 Toma 4 “La Ñusta”.
    Luz…cámara…¡acción!



¿La cartera es de Mirtha Legrand o de Susana Giménez? Tiene que ser una bastante cara…



Che Casimiro, se te ve contento. Se ve que la estás poniendo...
                                                                                                   (El arquitecto de la obra)



                                          Dedicado a mis amigos Guillermo y Fredy.






viernes, 19 de julio de 2013

LA ÑUSTA (Parte 4)

Dos planes en marcha para lograr que Juliana cobre lo que le deben sus antiguos patrones, los Guzzano… Tony como albañil con el plan de Félix sobre el ojeo, y el hijo de Guzzano averiguando la manera de ubicar a la chica y exigiendo por ella. ¿Qué curso de acción dará resultado…?

   ---Y mirá, fijate si Juliana ya volvió de su país, ¡porque la que te limpia ahora no lo hace bien! ---dice Federico mirando la casa alrededor.
      Tony quedó inmóvil por un instante cuando escuchó que nombraron a su ñusta. (¿Por qué pues  este carajo a mi Juliana la está nombrando…?)
  --- No voy a pagar a otra persona cuando puedo limpiar yo misma. Además,
¿no ves que hay tierra porque está trabajando el albañil? ¡Dejá de criticar!— gritó Estela desde el patio.
   ---Ah cierto, mis  padres están ahorrando para irse a Italia. Imagino que tendrán unas deuditas aquí y allá ---, dijo él entendiendo el motivo por el que no le pagaron a Juliana ---. Igual, dame el número, por favor.  La quiero llamar yo—, Federico volvió a insistir.
    ---Te dije que se fue a Bolivia---, dijo ella perdiendo la paciencia y entrando también al living para inspeccionar el arreglo de la pared. Al mismo tiempo Tony salió al patio para preparar material en un balde, y se quedó allí en cuclillas meneándolo con la cuchara, con las orejas bien paradas. --- ¡Además no tengo más ese número! ¡Ay, se me parte la cabeza! ¡Dejame tranquila por favor, Federico…!


     Cuando Federico se fue, la mujer se quedó parada al lado de Tony, mirándolo aplicar el material que había preparado en el patio. Tony pensó que era el momento justo para poner en marcha la parte principal del plan. Si existiera el Premio Huáscar para la categoría “Mejor cara de Yo No Fui” he aquí el ganador.
    ---Después esto lo dejo alisado y hay que dejarlo secar.
    ---Mhm --, dijo la mujer con los dedos en la sien.
    --- ¿Sabe, señora?--, se aventuró Tony. --- Ese dolor que tiene usted es porque un mal le ha hecho alguien que está enojada con usted… ---. De los nervios que tenía Tony no se dio cuenta que al decir “enojada” estaba adivinando el sexo de la persona que supuestamente generaba el mal. Pero Estela Guzzano no reparó en eso; en cambio abrió bien los ojos por la palabra mal, y dejó que el albañil continuara hablándole de eso.
   --- ¿Un mal?  
   --- Parecido es a un….¿cómo es éste….? Un ojeo. Sí, como un ojeo es.
   --- Siempre me duele la cabeza---, dijo ella con ansioso interés.
   --- Sí pues, pero ahora he visto que ese mal va a empeorar. Por la humedad que ha salido acá. Esta humedad es la que sale cuando ese…ojeo…está en la casa.
     Los ojos alarmados de la mujer se abrieron todavía más. Había mordido el anzuelo fácilmente.
   --- ¡Y quién me está haciendo eso, hijos de puta!
      Tony simuló que leía algo en la superficie de la pared que estaba arreglando como una vidente que practica quiromancia.  Miró a la mujer y le dijo, --- Sí, pues, es un ojeo especial, por algo que usted le hizo a alguien… o le debe…
 --- ¿Es algo de los bolivianos?--- dijo Estela con la memoria refrescada por la reciente visita de su hijo.
 --- Sí, pues. A mí una vez me han hecho eso, porque yo debía un dinero. Y mucho la cabeza me dolía.      
      Estela quedó con la mirada en blanco. Debido al espanto y al dolor de cabeza, otra vez no reparó en que la interpretación de los signos era demasiado precisa. Es que sí, eso debía de ser cierto: tenía que tratarse de Juliana, que estaría enojada por la deuda, pensó ella. Estos bolivianos deben hacer brujerías extrañas. Y era la primera vez que escuchaba de un ojeo que se manifestaba también en las paredes.
     ---Sí, ésa me debe haber hecho algo… ---. Estela iba a insultar a Juliana y a su nacionalidad, pero se contuvo por Tony. --- Ya sé lo que voy a hacer ---, continuó  la mujer. Tony, reprimiendo una sonrisa de triunfo, creyó que ella hablaría de pagar la deuda. Pero lo que escuchó a continuación lo desconcertó: ---Como esas son cosas de bolivianos ---, dijo Estela, pensando en el ekeko que tuvo una vez, --- voy a ver a una bruja boliviana que me va a sacar este mal.
     ---Tal vez si usted paga…---, dijo Tony sin poder ocultar su ansiedad; el plan se iba al demonio. No se daba cuenta que daba por hecho el origen del asunto. Increíblemente, la mujer tampoco se dio cuenta, porque de pronto lo sobresaltó casi gritando:
      ---¡Y vos no me vayas a hacer algo porque yo te pago tu trabajo hoy mismo! ---. Y para su sorpresa, Tony la escuchó agregar: --- Además, me va a costar menos  ver a esa bruja boliviana para que me saque este maldito ojeo. Vive en un barrio de ustedes que se llama Charrúa.
                                            ***************************

       Más tarde, en el bar de los Guzzano,  los empleados presenciaban curiosos una acalorada discusión entre el patrón y su hijo, que había regresado después de ver a Juliana en su trabajo cuando le contó lo de la deuda. Era muy raro que el “gusanito”, como le decían los empleados del bar, fuera a ver a su padre allí, y más raro aún, dos veces el mismo día. El hijo exigía algo y el patrón no quería escuchar y le gritaba que no se metiera. Uno de los mozos le dijo a otro, “Este pendejo lo está haciendo calentar. El viejo se va a poner insoportable ahora.”
       ---La verdad, no los entiendo. Y vos viejo, siempre el mismo, eh. ¡La verdad, me dan vergüenza!--- dijo Federico; Chiche hacía gestos exasperados para que bajara la voz.         
      ---Ya te dije que le vamos a pagar esa chica. ¡Pero antes tengo que pagar otras cosas! Además, tu mamá no estaba conforme con el trabajo de esa boliviana— dijo con un gesto despectivo de su mano. --- Y por favor, ¡basta de hacerme escándalo delante de la gente!
      --- ¡Las deudas se pagan igual! —dijo Federico. ---Además, esas otras cosas son seguramente las vacaciones en Italia que tienen planeadas,  porque un buen día los señores se borran del mapa sin avisar.
      ---Mirá, Federico, ya te ayudamos a comprar el departamento. ¡No nos- jo-das-más!---. Dicho esto, Chiche le dio la espalda. Encontró a Félix a su derecha acomodando unos vasos que no necesitaban ser acomodados. --- ¿Qué hacés acá?—le dijo casi gritando-- ¿Ya guardaste los fiambres?                       
                           
                                   
     
        Tony estaba recostado en la cama de su cuarto mirando el techo, las manos detrás de la nuca. En realidad soñaba despierto con su ñusta, Juliana. De un grabador salía una balada melosa que debía de ser como un himno para los muchachos bolivianos como Tony. Era una de las canciones de un cassette, rotulado con su propia mano como “Románticos del Ayer”, que contenía canciones, entre otros, de Leo Dan, Sabú, Rabito y Dino (el que cantaba en ese momento).  El cassette no duraría mucho tiempo más porque Tony no se cansaba de reproducirlo.
                               si mil años viviera, mil años te quisiera.
                                   ¿Quién pudiera vivir mil años para amarte?...(1)

        Se abrió la puerta del cuarto y entró Félix, que había venido a visitarlo. Era la noche del mismo sábado del arreglo de la pared en la casa de los Guzzano. Tony apagó el grabador, se incorporó y le contó a su amigo cómo le había ido con la operación albañil-chamán ideado  por aquél.  A Félix no le sorprendió nada la actitud de la mujer de su patrón. Debieron considerar  la obsesión de aquellos por el dinero tanto  como su superchería.  Pero también Félix tenía cosas para contarle a su romántico amigo.
     --- ¿Y ahura? ¿A qué bruja pues vendrá a ver ésta?¿Acaso había habido brujas acá en Charrúa?—dijo Félix jugando con el cassette de “Románticos del Ayer” que había extraído del grabador.
     ---No sé pues. Así ha dicho que a una mujer va venir a ver. ---, dijo Tony. En realidad había decidido no contarle el arreglo que había hecho con la mujer para el día siguiente, el domingo, sobre su visita a Charrúa. Félix estaría en su casa en La Ferrere; no hacía falta que viniera; y de todas maneras Tony no sabía bien cómo iba a proceder.
     --- ¡Más debías asustar a la vieja con lo del ojeo, pero!
     --- ¡Ni falta que hacía! –dijo Tony mirando al piso. --- ¡Harto ajo con moños rojos ha puesto ahí nomás en las paredes de su casa! “Ustedes los bolivianos deben ser inmunes al ajo,” más bien me ha dicho.
     ---Ya estamos cagados, (2) ¿no?--- dijo Félix, sin poder ocultar su decepción.
     ---Tal vez no…
    Hubo un breve silencio y Félix se escuchó decir de pronto:
     --- Pero si no te apuras, el gusanito más bien te va a ganar con la Juliana.
      Tony no entendió esto último. Entonces su amigo le contó sobre la aparente intervención del hijo de su patrón en el asunto y de sus dos visitas al bar.              Cierto, se dijo Tony: el tal Federico había pasado por esa casa cuando él estaba trabajando en la pared, y había hablado de su ñusta. El asunto no le gustaba nada, y menos cuando Félix le contó del papel con el número de teléfono que había puesto en la campera del “gusanito”.
      --- ¡Carajo, ese no era el plan!—protestó Tony, quitándole el cassette de las manos y haciéndolo parar de canto sobre la cama.
      ---No seas cojudo(3). Yo me hei imaginado que bien jodidos serían el gusano y su mujer, que no iban a pagar siempre. Por eso le puse el número a su hijo. Ese carajo le va a ayudar a la Juliana, más bien. Él no es como su viejo.
     --- ¡Pero yo la quiero ayudar!
     ---No seas zonzo. La Juliana nada querrá saber de esa familia. De vos nomás depende que ella te elija ---, y agregó algo que supuso serviría: --- Y además ¡tan fea esa nariz de tano que tiene el carajo…!
        Félix tenía razón, pensó su amigo: Juliana no querría saber nada del hijo de ese delincuente, “aunque el carajo es… más alto que yo, rubio, de cabellos ondulados, con  ojos  como  del   Camilo Sesto…    ¡Y bien había sabido vestirse…!”
      Tony quedó ensimismado con la odiosa comparación y, reaccionando repentinamente,  asestó un golpe seco y fuerte en el muslo a Félix --una broma común entre los niños de Bolivia. “¡Ay carajo!”, se quejó éste y se dejó caer sentado sobre la cama. Se escuchó un ¡crack!, y Tony debió despedirse de su cassette de “Románticos del Ayer.”     


     
       El plan de los amigos no había fracasado del todo en realidad, porque de todas maneras Estela Guzzano había quedado perturbada por el supuesto ojeo, y acudiría a esa bruja de la que habló que supuestamente estaba en el barrio de Tony, en Charrúa. Y si bien éste no era un efecto buscado, a Tony se le ocurrió que podría aprovecharlo porque, al enterarse de que él vivía en el mismo barrio, Estela ofreció pagarle aparte por esperarla y acompañarla a la casa de la bruja.
      ---Mi marido y Federico no saben nada, porque si no, me van a joder para que no vaya. Así que vos me esperás ahí en Charrúa e Itaquí –dijo ella leyendo de su agenda donde tendría anotada la dirección de la bruja--, yo llego en un remÍs(4). Después buscamos la casa de la mujer ésa, y al final me acompañás para tomar el remís a mi casa.”
      A todo, Tony le respondía “ya, ya”. La mujer le dijo, “No, ya, no. ¡Te estoy diciendo que mañana!”
        
       A las 10 de la mañana  del día siguiente, Estela entró en el remís a Charrúa y se sintió intimidada por el aspecto del barrio.  No era exactamente una villa(5), como escuchó decir una vez, y mucho menos una villa miseria: a lo largo de la calle estaban estacionados autos y camionetas. Algunas de las construcciones llegaban hasta el tercer piso, en su mayoría estaban sin terminar y en otras había albañiles en plena actividad.  A través de la ventanilla vio muchos pasillos largos y angostos, llenos de casitas y  mucha gente que circulaba aquí y allá. Se sorprendió al ver pasar velozmente en sentido contrario a un hombre en bicicleta que tenía una sola pierna(6); iba alborotando a un grupo de perros que lo perseguían. Cuando el remís llegó a la esquina de Charrúa e Itaquí, enseguida distinguió a Tony sentado de brazos cruzados en una plazoleta al frente de una gran escuela(7). Éste se acercó mientras la mujer pagaba y daba instrucciones al remisero.
     ---No me extraña que en este lugar haya brujas---, dijo Estela a Tony al salir del auto. Rápidamente chequeó la dirección: ---A ver, dice “Charrúa 2850, casa 147… La bruja se llama Dorotea. No tiene teléfono, pero me dijeron que siempre está la mujer, así que guiame vos…
     ---Es a mitad de esta cuadra--, dijo Tony señalando con la mano.
      Ambos avanzaron rápidamente y llegaron enseguida a la puerta de una casa que estaba en el fondo de un pasillo. Tocaron la puerta y provocaron ladridos de perros alrededor que no se veían. La puerta se abrió solo un poco, revelando un ojo y un cuarto de rostro de una mujer vieja. Estela le explicó –en voz baja para que la gente que estaba en el pasillo no entendiera-- que venía a que ella la ayudara “con las cosas que usted sabe”. La vieja contestó algo que Estela no entendió. Miró a Tony y éste le dijo:
     ---Poco habla castellano. No sé si la va a entender.
        Estela creyó que este hecho hacía genuina a la bruja, a diferencia de otras  videntes chantas(8) que había consultado en el pasado. Además, el lugar en el que se encontraban agregaba una sensación de seguro encuentro con lo oculto para la cura de su ojeo.
    --- ¿Qué dijo?—preguntó Estela.
    --- Dijo que entre. Le va a mostrar lo último que le trajeron de Bolivia.
      Esto pareció entusiasmar a Estela. Le ordenó a Tony: --- Entonces vos entrás conmigo para que me traduzcas—. Ella asumía ingenuamente que todos los bolivianos hablaban un idioma incivilizado que, creyó recordar, se llamaba quechua (o algo por el estilo).  Y procuró que la orden fuera razonable: ---Digo, si es que estás libre. Te pago más, eh.
      No que no tuviera cosas que hacer, sino que Tony vio la manera de darle continuidad al plan original del ojeo. Después de todo, esta gente se lo merecía por ser estafadora.  
      Siguieron a la anciana llamada Dorotea, que usaba trenzas y vestía una infladada pollera de pliegues, y entraron a una habitación modestamente amoblada: una mesa cubierta con un mantel plástico, sillas ordinarias, un pequeño  modular con objetos de adorno. Sobre las paredes, cuya pintura verde estaba sucia y  descascarada en algunas partes, había colgados “adornos aborígenes” –según creyó Estela- y unos retratos pintados de personas de otra época; posiblemente una de ellas fuera la bruja misma. En realidad, Estela esperaba una ambientación con elementos esotéricos; tal vez una bola de cristal, o velas ¿O tal vez algún ekeko de apariencia diabólica?
      Tony no había visto nunca a esta anciana, seguramente porque él vivía en el otro extremo del barrio. Era probable que esta mujer supiera cómo curar el ojeo o el empacho, pero ¿bruja? No lo creía. Más bien –pensó Tony—ella vendería condimentos de Bolivia o cosas así, por el olor fuerte a comino u otras especias. Su impresión se reforzó al ver bolsitas y cajitas  almacenadas en una estantería en un cuarto contiguo cuando de éste reapareció la viejita. Quienquiera que le había dicho a la mujer de Guzzano que esta doña Dorotea era una bruja, le había tomado el pelo.   
        Doña Dorotea entró trayendo unas bolsas de medio kilo de algo, que Tony identificó enseguida como quinua(9). También mostró otras bolsitas con condimentos, tales como comino, pimentón y locoto molido(10). La anciana los puso sobre la mesa delante de ellos y dijo: “Esto me han tráido reciencito de Bolivia. Otra argentina que sabe venir aquí siempre lleva de estito.”
       Estela no entendió del todo. Le contó que sufría de una horrible jaqueca, que creía era un ojeo, del tipo que hace salir manchas de humedad en las paredes. Doña Dorotea la miraba con los ojos entrecerrados; también ella encontraba difícil entender a esa mujer blanca de cabellos rubios que hablaba rápido. Estela entonces le pidió a Tony que la ayudara a comunicarse; la oportunidad era como una pelota que le dejaban picando. Él dijo en quechua a la viejita: “Esta argentina quiere llevar tu mercadería porque piensa que le va a curar un ojeo que tiene…”
      La viejita miró perpleja a la Estela y dijo en quechua, sacudiendo la cabeza, que la quinua y los condimentos eran para cocinar; no para curar el dolor de cabeza. Tony tradujo ésto para Estela como: “Estas cosas te van a calmar la cabeza pero no te van a curar. Dice que es un ojeo jodido ". 
    ---¡Decile por favor alque vine hasta acá para que me cure del todo, no para que me calme!---, contestó Estela exaltándose un poco y hablando bastante rápido, como era típico en ella.
       Tony tradujo esto para doña Dorotea como: “Dice que se va llevar la quinua, las especias y otras cosas, pero que no te va a pagar con plata, sino que más bien ella a cambio te va dar… ¡cosméticos que usan las argentinas!”
        La viejita –viendo a la argentina con su cara maquillada y sus uñas pintadas--- sonreía por lo absurdo de la propuesta. Contestó entonces en quechua, sacudiendo la cabeza, que no había trato, que si no pagaba con dinero no se llevaba nada. Con cara de estar genuinamente preocupado Tony tradujo:
        --- El que le ha hecho este mal, dice esta mujer, es una chica boliviana que está muy enojada con usted por un dinero que usted le debe. Y si no le paga, ¡peor le va a doler la cabeza y su casa de humedad se va a llenar!
        Aunque la cantidad de palabras en la traducción  no se correspondía, ésta última advertencia pareció surtir efecto. Y más cuando doña Dorotea, levantándose de su silla para indicar el fin de la visita, dijo en castellano, divertida por la situación: ¡Tiene que pagar, waway! (11)
       ---Bueno, vamos---, dijo Estela frustrada, también levantándose y dirigiéndose a la puerta, pero giró para preguntarle a la vieja a través de Tony: --- Decile que me dé algo para calmar el dolor de cabeza, en cualquier momento me va a volver.
       Tony intercambió unas palabras con doña Dorotea y ésta le regaló sonriente a  Estela una bolsita de locoto molido. Tony procedió a traducir: “Dice que cuando se esté sirviendo la comida, estito póngalo en su plato. Un poquito nomás. De su marido su plato también. Ah, y a su hijo también. No se va a olvidar.  Para protegerlos a ellos más, es”.
       ---Gracias---, dijo Estela guardando la bolsita en su cartera. Tony agregó:
       ---Haga lo que tiene que hacer, dice la abuela, si no ¡su cabeza pronto se va a explotar!
         A Estela le horrorizó saber que sus jaquecas empeorarían, pero nunca se le dio por inquirir sobre las asombrosas precisiones del caso. Esa mujer de trenzas lo debía de saber todo por sus poderes.
         Ya habían salido de la casa y avanzado unos pasos por el pasillo hacia la calle, cuando desde su puerta  doña Dorotea le dio a Estela un último consejo en quechua. Estela pidió la traducción. Tony le dijo: “Cuanto antes le pague a esa chica mejor para usted.”
(Traducción fidedigna: “Señora, vaya a ver a un médico.”)
            
   

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-1- La canción que escuchaba el personaje se llama Mil Años, es de un cantante llamado 
Dino. Para escucharla abra este link     http://youtu.be/C4IR7S1TYzA 
-2- Ya estamos cagados:  Nos ha salido todo mal, hemos fracasado.
-3- No seas cojudo. No seas tonto.
-4- Remís (Remise): Un automóvil particular que se contrata para viajar.
-5-Villa: Barrio de viviendas precarias. (English: shanty town) Ver la historia “Charrúa: Odisea en el Futuro” en esta colección.
-6- El ciclista de una sola pierna. Ver la historia “Ayala” en esta colección.
-7-Este punto en el barrio -Charrúa e Itaquí- aparece como escenario en las historias “Charrúa: Odisea en el Futuro” y “La Noche de la Víspera” en esta colección.
-8-Chantas: En Argentina se dice así a los embaucadores o a la gente que engaña.
-9-Quinua: Es un pseudocereal que se produce en los Andes, siendo Bolivia el primer productor mundial seguido del Perú y los Estados Unidos. Se le denomina pseudocereal porque no pertenece a la familia de las gramíneas en que están los cereales "tradicionales", pero debido a su alto contenido de almidón su uso es el de un cereal. Se trata de un alimento muy saludable.
-10-    Locoto (o rocoto)  Condimento picante en la cocina latinoamericana, especialmente la boliviana y peruana. Su color puede variar desde el rojo, verde naranjo o amarillo. Se comercializa en su estado natural en los mercados mexicanos, bolivianos y peruanos, como también en pasta y en polvo. La intensidad del picor puede variar. No es necesariamente muy picante aunque sí para la gente que no lo conoce.
-11- Waway: Expresión afectuosa en quechua que significa niñito/a (wawa).