miércoles, 20 de junio de 2018

"UNA SEGUNDA OBRA EN CHARRÚA" (título provisorio, ¡en español!)

     Subo la versión en español del título de la entrada anterior (click acá para verla). Se trata del principio de una obra que comencé en inglés y  que luego abandoné. Hay  otra entrada con una historia también en  inglés que se llama (click) "The Flavour of Meeting 2" con la que espero hacer lo mismo pronto. Estos últimos títulos son apéndices de esta colección que quedó cerrada en 2015.
    El motivo por el cual subí historias en inglés es porque internet da la posibilidad de llegar lectores de distintos lugares del mundo.



                                                            


             UNA SEGUNDA OBRA EN CHARRÚA (Título provisorio)


Personajes:
Doña Maura

Sus hijos: Pablo, Agustín y Erika


Damián (amigo de Agustín)

Lautaro (novio de Erika)


Doña Sabina (una vecina)


El padre Horacio


Mirta (hermana de doña Maura)

Tiempo de la acción: fines de los '80
                          




                           PRIMER ACTO
                          
Escena-1                                       

(Descripción del escenario)
La sala principal de una casa en el barrio conocido como Charrúa. Sin pared de separación, casi la mitad de este espacio a la izquierda  sirve como living con dos sillones y un sofá. En este lado se encuentra la puerta que conduce a la calle. A la derecha hay un comedor donde hay una mesa con sillas. En este lado se encuentra la entrada a la cocina, que el público no puede ver. Sobre la pared del lado del living hay un cuadro antiguo de un matrimonio, de esos en que las personas están retratadas solo desde la cabeza hasta el pecho (Doña Maura y su difunto marido). Al lado de éste, como decoración, cuelga un conjunto de sikus pequeños y adornos con motivos regionales andinos; y en el medio de ambos espacios cuelga también de la pared una imagen majestuosa  de la Virgen María, con un cetro en la mano y que fija su mirada piadosa en quien la contempla.  Aunque amoblado y decorado con modestia, el espacio todo se percibe acogedor y familiar.


[DOÑA CARMEN, que tiene puesto un delantal de cocina, está poniendo la mesa con tranquilidad, como si lo disfrutara. Está tarareando suavemente una melodía. Se oye el sonido difuso de una conversación que viene de afuera. DOÑA CARMEN mira un par de veces cada tanto en dirección a la puerta de calle (que el público no ve porque está afuera) como tratando de entender de qué se está hablando. Por fin, se escucha que se cierra la puerta de calle y a continuación el sonido de que se abre la puerta de entrada a este espacio]

        [entra PABLO. Lleva una bolsa (o puede ser un sobre de papel grande) tratando de que pase inadvertida]

DOÑA CARMEN: [sin mirar a su hijo] ¿Quién era?

PABLO:  Un vendedor  ambulante, como siempre [mantiene la bolsa detrás de su espalda]. Uh, ma. ¿No te dijimos que hoy no cocines? ¡Y tan temprano!  Se supone que íbamos a traer comida de la rotisería para que descanses el fin de semana.

DOÑA CARMEN: [Mira rápidamente a su hijo antes de salir a la cocina y desde ahí se la escucha hablar]. Solo vos dijiste eso; tus hermanos, nada que ver. Pero como viene a comer un compañero de clase de Erika, pensé que ella querría invitarlo a almorzar.

 PABLO: Qué raro, ella nunca invita a nadie a almorzar. ¿Estás segura de que es solo un compañero de clase?

DOÑA CARMEN: [regresa  al comedor] Es lo que me dijo. ¿Qué llevás ahí?
PABLO: [sintiéndose incómodo] ¿Eh? Ah, son… revistas.

DOÑA CARMEN: ¿Así que vendedores ambulantes, no?

PABLO: [un poco nervioso, levanta un plato y lo inspecciona sin motivo aparente] Sí, se puede decir. Ah, ¿y qué hay de comer?

DOÑA CARMEN: No me cambies el tema. Cuando volvía de la verdulería, vi que esos predicadores evangelistas estaban repartiendo puerta a puerta sus revistas estúpidas.

PABLO: [avergonzado] Está bien ma, nada se escapa de tu control.

DOÑA CARMEN: Vos decís que es control pero no me importa. Como limpiás tu cuarto  cada muerte de obispo, encontré una toda colección de esas revistas al costado de la cama. Te dije más de una vez que no me gusta que te metas con los evangelistas.

PABLO: Uh, ma, ya hablamos de eso. Yo no me considero más católico. ¿Tenemos que volver sobre lo mismo?

DOÑA CARMEN: No, Pablo, por  favor, no me vuelvas con todas esas ideas que te pusieron en la cabeza. No quiero que mis hijos tengan algo que ver con esas tonterías de religiones extrañas. Especialmente de esas que andan repartiendo esas revistas que te encontré. Quiero que las tires a la basura como hice con las otras. Enseguida.

PABLO: [con expresión de indignación] ¡Con razón no las encuentro por ninguna parte!
DOÑA CARMEN: Y con el desorden no me sorprende. En vez de decirme que descanse los fines de semana, dejá de perder tu tiempo con lo que te dan esos “vendedores ambulantes” y sé más ordenado.

PABLO: [sacando una revista del sobre que llevaba oculto] Mamá, mirá: es  Jesús, ¿ves? Acá hay enseñanzas de él. ¿Cómo es posible que sea basura?

DOÑA CARMEN: Nunca se me había ocurrido pero creo la vieja Sabina tiene que ver con esto. El otro día estaba acá charlando conmigo y de repente, al ver el cuadro de la Virgencita, dijo [imitando la forma de hablar de doña Sabina]: “Doña Carmen, no debe tener ese tipo de cuadros en su casa. Es idolatría. Dios odia eso.” Me quedé mirándola fijo sin saber que qué responder y pensé mejor no discutir. La pobre vieja no sabe de nada a parte de lo que lee en la Biblia.

PABLO: Lo que querés decir es que es una pobre vieja ignorante, ¿no?

DOÑA CARMEN: Ya te dije cómo esos cultos evangelistas atrapan a gente con poca o ninguna educación.

PABLO: Ma, vos misma apenas pisaste una escuela...

DOÑA CARMEN: [Queda callada por un instante breve; la situación la deja incómoda. Por fin:]  Ay, Dejame en paz, Pablo, tengo que terminar con esto.
                   
                    [ entra AGUSTIN por la derecha (viene de la calle)]

AGUSTIN: ¿Ya comemos? No aguanto un minuto más. ¡Qué olorcito viene de la cocina! ¡Eh, qué caras!¿Qué anda pasando? Ah, a ver si adivino: [con ironía] es mi hermano que pretende alejarse de la Santa Iglesia, y la profunda preocupación de nuestra madre, que está a punto de lanzar su cruzada.

PABLO: Ya ves cómo él siempre se burla de la Iglesia y a vos no te importa.

DOÑA CARMEN: Por favor, no hagan que me enoje.

AGUSTIN:  [dice a PABLO]  Espero que no te moleste que haya tomado una de tus revistas para aplicar Análisis del Discurso en la facu. Te las devuelvo ni bien termine.

PABLO: Siempre el mismo idiota académico.                              
                         [PABLO se retira molesto por la izquierda. Se escucha el portazo de la puerta de calle]

AGUSTIN [sonriendo con suficiencia]: El otro día después de que discutimos sobre religión, se dio cuenta que no podía conmigo, pero terminó diciendo que prefería [remeda a su hermano] no echar las perlas a los cerdos.

DOÑA CARMEN: Creo que cuanto más saquemos el tema, él más se va a embrollar con eso. No lo molestes más, Agustín, por favor.

AGUSTIN:  ¿Molestarlo yo? ¡Él trató de convertirme! [no puede evitar una risita de picardía ]

DOÑA CARMEN: Voy a pedirle al padre Horacio se dé una vuelta un día. A ver si le saca esas ideas evangelistas de la cabeza.

AGUSTIN: ¡El padre Horacio! Pensar que una vez me felicitó por ser el mejor de Catecismo. ¡Ahora me mandaría al purgatorio! [su madre lo mira sorprendida pero él se apresura en agregar:]. No hace falta que te preocupes. A su edad, Pablo ya va a empezar a salir con una chica en cualquier momento. Va a estar más interesado en acostarse que en….
DOÑA CARMEN: [lo mira escandalizada]  ¡Callate, Agustín!  Ahí vuelve.
                        [entra ERIKA por la izquierda, lleva un bolso colgado del hombro]
ERIKA:  Hola. Me muero de hambre. Salí tan apurada esta mañana que ni siquiera desayuné.
DOÑA CARMEN:  En un ratito comemos. Andá a cambiarte.

AGUSTIN:  ¿Ese rubio carilindo con el que te vi a los besitos no te paga ni  siquiera un café?

ERIKA: Callate, tarado.

DOÑA CARMEN: ¿No viene a comer? Pensé que venía con vos.

ERIKA: En realidad viene más tarde. Vamos a estudiar juntos acá. Sabés, siempre vamos a estudiar a su casa, y él prepara cualquier cosa para invitarme.

[AGUSTIN emite un mmm con suspicacia cuando ella dice “a su casa”]

ERIKA: Mamá ya lo conoce, mal pensado.

AGUSTIN:  Ja! Seguro que cocina y cose mejor que una mujer.

ERIKA: [no puede evitar su reacción inmediata] Y precisamente vos vas a hacer chistes machistas… [hace un gesto de que se le fue la mano con la respuesta]  

AGUSTIN: Para nada, querida. [toma un pan de la mesa y se lo lleva a la boca como para disimular su incomodidad.]

DOÑA CARMEN: Basta, ustedes dos. No parecen hermanos. Los tres. [De pronto mira hacia la derecha, a la cocina]  ¡La carne! [sale rápidamente hacia cocina].

ERIKA: [simula buscar algo sin poder encontrarlo dentro de su bolso para no mirar a su hermano] Los vimos pasar en auto cuando estábamos en la parada del colectivo.

AGUSTIN: Besándose con locura.

ERIKA: [retruca ]  ¿Hablás de ustedes dos? [pausa] En todo caso, nosotros somos una pareja…[vacila y decide no decir la palabra sigue a “pareja”] Y sólo nos estábamos besando.

AGUSTIN: ¡Vamos, Erika! ¿Me vas a sermonear como hace Pablo? Vos y yo vamos a la universidad; se supone que estamos más allá de la religión y las normas morales obsoletas.
ERIKA: Me encanta el vocabulario que usás cuando se trata de tus cosas. ¿Ya sabe Pablo?

AGUSTIN: ¿Sabe qué?

ERIKA: De tu… ¿novio?

AGUSTIN:  [resuelto a hablar abiertamente] Novio, no,  no me gusta decirlo así. Estamos saliendo, nada más. Y Pablo no sabe respetar la privacidad de los demás. El otro día, entró a mi cuarto de golpe y nos enganchó justo. Bueno, te dije que estamos saliendo.

ERIKA: ¡Los engancho justo! No creo que quiera saber los detalles. Así que tu...¿ya estuvo acá? [afligida] Por favor, Agustín, ¡si mama te llega a enganchar! Tené cuidado, por favor.

AGUSTIN: Ah sí, y lo mismo tendría que decirles a vos y a tu rubiecito,  la manera en que se besaban en la parada! Además, ¿sólo vos tenés derecho a invitarlo y yo no?

ERIKA: Agustín, soy tu hermana. Mirá, odiaría verte sufrir.  Pero no esperes que mamá entienda estas cosas.

AGUSTIN: Bueno, va a ser mejor que un día entienda. ¡Bienvenidos a la realidad y al tiempo presente, todos ustedes!                                 
                                  [entra PABLO mirando fijo a AGUSTIN]

PABLO: Tu amigo está a la puerta. Te quiere ver. No creo que la hora del almuerzo sea el mejor momento para… [mira a ERIKA y se queda callado]

ERIKA:  Ya lo sé todo, no te preocupes.

AGUSTIN: [imitando una manera de hablar piadosa] Por supuesto que no cometería semejante pecado; mi hora no ha llegado aún. [sale hacia la puerta de calle].

PABLO: [dice gesticulando y exasperado] ¿Qué le pasó a este? ¿No es algo que le pasa a los adolescentes? ¡Ya va para los 22!

ERIKA: Es nuestro hermano.

PABLO: Sí, creo que ya estoy enterado. [hay una pausa durante la cual mira en dirección a la cocina]. ¿Cómo es que le pasó esto? Simplemente no lo puedo entender. Dios mío si mama se entera.

DOÑA CARMEN: [entra trayendo una bandeja de la que sale vapor] ¿De qué me tengo que enterar? [PABLO tiene un pequeño sobresalto y se queda mudo; al poner la bandeja sobre la mesa, la madre mira a los dos].

ERIKA: Hmm ¡Qué aroma tiene esto! [Pablo se ve incómodo, su madre lo percibe y la sonrisa que tiene decae]

DOÑA CARMEN: Bueno, ¿ya se lavaron las manos? Sentémonos a comer. ¿Dónde está Agustin?

PABLO: [con un ligero tartamudeo] Vo, vo voy a buscarlo. [se retira hacia la puerta de calle]
DOÑA CARMEN: Últimamenete todos ustedes están muy raros. Por favor, dejen de pelear, al menos a la hora de la comida. [mira fijo a su hija, quien parece no haber escuchado, está pendiente de lo que pasa en la puerta de calle con cara de preocupación].
                                  
                                  [Entran AGUSTIN y PABLO, están riñendo entre dientes en voz queda (siseando). Pablo viene sujetando a su hermano del brazo, pero cuando están frente a su madre lo suelta]

AGUSTÌN: Ma, como el compañero de Erika no viene a comer, ¿no te molesta que yo invite a un compañero de la facu? Está acá afuera en la puerta.

PABLO: ¡No, Agustín!

DOÑA CARMEN: ¿Qué te pasa, Pablo? Claro que sí, decile que pase.

AGUSTÌN: Gracias, ma! [a su hermano:] ¿Qué le pasa a tu caridad cristiana? [mira desafiante a su hermano y sale a buscar a su amigo].

DOÑA CARMEN: Che, me están poniendo nerviosa. ¡Basta de pelear, por el amor de Dios! Y me parece que tu hermano tiene razón, Pablo.
[sin que su madre lo note, ERIKA hace un gesto a Pablo para que no diga nada y  se calme; él consiente con un gesto también inadvertido. Todos se sientan a la mesa].                      
                 [entran AGUSTIN y su amigo DAMIAN. El primero le está hablando de que ya empiezan a comer. El amigo se ve mayor que él. Viste a la moda y tiene un arito en la oreja derecha; parece alguien de buena posición económica ]

AGUSTÌN: Él es Damián, compañero de clase y también amigo. [DAMIAN saluda a todos con un beso. La respuesta de PABLO es algo fría, se nota que  no es la primera vez que se ven]

DOÑA CARMEN: Damián, estás en tu casa, sentate.

AGUSTÌN: Acá, al lado mío.

DAMIAN: Gracias.

DOÑA CARMEN: [pasando los platos que va sirviendo] Es un lindo día para quedarse en casa ¿no? Los días fríos como estos generalmente hago sopa, aunque hoy no. Igual, a ellos no les gusta mucho.
[sorprende un poco a todos que el tono de voz de DAMIÁN no armonice con su apariencia física ni con la edad que parece tener; de hecho habla con cierta afectación, gesticula bastante con la mano]

DAMIAN: En cuanto a mí, la verdad es que yo como todo lo que me ponen delante.

DOÑA CARMEN: [sonriendo a su invitado] Qué bueno que seas así. Ojalá ellos fueran como vos. ¿Dónde vivís, Damián?

DAMIAN: En Belgrano.

ERIKA: Ah, es bastante lejos.

DAMIAN: No, la verdad que no tanto. Estoy en auto.

ERIKA: Sí, ya sé. [tiene un gesto inmediato de que la observación se le escapó. Cuando la madre le pasa el plato a PABLO, DAMIAN da una Mirada rápida a AGUSTIN. ERIKA trata de cambiar el tema de conversación]

ERIKA: Deben tener un montón para estudiar ustedes dos ¿no? Estamos terminando el cuatrimestre.

DAMIAN: [revolviendo un poco los ojos] ¡Ay, no sabés cuánto! Pero a los dos nos está yendo bien. ¡Qué equipo el nuestro! ¿No, Agus?

AGUSTIN: [no contesta nada; mira su plato con una sonrisa de timidez].

DOÑA CARMEN: [mirando a  Pablo, le pregunta por lo bajo] ¿Y esa cara, vos?
[PABLO mira a su hermano con una cara que dice mucho. AGUSTIN le devuelve una mirada desafiante]

AGUSTIN: Sí, Pablo. ¿Qué onda esa cara?

PABLO: [ahora él mira su plato, se nota su incomodidad, tiene pensamientos conflictivos. De pronto:]  Discúlpenme, por favor, pero no tengo hambre.

AGUSTIN: [le dice a su hermano en voz baja] Lo que vas a hacer, hacelo pronto.

                        [Pablo se levanta y se retira en silencio hacia la puerta de calle]

DOÑA CARMEN: [con una mirada rápida que pide disculpas al invitado]  Pablo!
                                 [DAMIAN lanza una mirada rápida a AGUSTIN]

ERIKA: Ma, dejémoslo tranquilo. Últimamente está…[no sabe como terminar]

AGUSTIN: Mi hermano está bajo los efectos de la religión, por así decirlo. Sí, dejémoslo tranquilo por un rato. Él no se queda mucho tiempo con hambre. [le hace un gesto a DOÑA CARMEN, que se levantó preocupada, para que se vuela a sentar] No te preocupes, ma.

DAMIAN: [habla como si no pasara nada, mientras corta un pedazo de carne y se lo lleva a la boca] Lamento si no le parezco alguien bueno para Damián.

[DOÑA CARMEN queda un poco perpleja. ERIKA intenta decir algo pero parece no dar con algo apropiado para la situación]

AGUSTIN: Por favor, mama, no te preocupes. Más tarde te explico. Disfrutemos lo que preparaste, está buenísimo.
                                  [de pronto Pablo regresa y vuelve a su silla]

PABLO: Estoy bien, disculpen. [sonríe, pero se nota que de todas maneras está pasando algo raro] En serio, tuve que ir volando al baño. Sigamos comiendo. Lo único que no hay que explicar nada a nadie, Agustín.
                       
                            [AGUSTIN y DAMIAN intercambian miradas de extrañeza. DOÑA CARMEN sigue con una expresión de perplejidad. Por un momento, todos comen en silencio; sin embargo, los hermanos se lazan miradas a través de la mesa.]

ERIKA: Más tarde, cuando terminemos de estudiar, mi compañero y yo vamos a ir al cine.

DAMIAN: [gesticulando repentinamente y de una manera poco varonil] Genial. Lo mejor para un día tan feo como hoy. ¿Qué van a ver?

ERIKA [sonríe por haber metido la pata] Mm, sí, no sé, tenemos que decidir.

AGUSTIN: [interviene jocoso] Hmm guarda lo que van a ver, eh, esas películas adultas... Las PM18. Me parece que voy a tener que hablar con... ¿cómo se llama el rubiecito…?

PABLO: “Los últimos días de Sodoma y Gomorra”, ya me lo dijo. A mí me parece que es una película muy adulta.

DAMIAN: Ah ¿No es una historia del Antiguo Testamento?

AGUSTIN: [con un poco de sarcasmo a su hermano] Y me decís que ella te dijo. Más bien, me parece que fue al revés. Me lo imaginaba.

DOÑA CARMEN: [rompiendo el silencio en el que los observaba bien] ¿Pueden pararla ustedes dos? Tenemos una visita, por el amor de Dios.

PABLO: Sí, mejor cerremos el tema y no digamos de qué trata la película.

AGUSTIN: Ah, ¿ porque eso implicaría analizar lo que Dios  dispone en cuanto al…amor  para sus criaturas creadas? No para todas ellas, en todo caso.

DOÑA CARMEN: [se toca la frente y avergonzada dice en voz baja ] Ya no puedo más. Por favor, disculpanos, Damián. Estos dos se la pasan peleando sobre religión y yo no les importo.

DAMIAN. No se preocupe, Carmen. En casa solía pasar lo mismo.  Hasta que yo puse las cosas en claro para que terminaran las discusiones.

DOÑA CARMEN: Ah. ¿Y qué pasaba?

PABLO: [interrumpiéndolos de golpe] Bueno. Estaba pensando en que podríamos hacer un asado, una gran juntada familiar, al aire libre por supuesto. [sonríe para enmendar los roces; aunque se percibe que su intervención no disipa el interés que se generó]

AGUSTIN [con una sonrisa sarcástica] Está bien, es una buena idea, Pablo.  Y en esa ocasión vamos a tener una charla especial sobre mi.  [ rodea con un brazo los hombros de DAMIAN. Todos los miran ambos con expectación. Las luces bajan de a poco hasta que la oscuridad en el escenario es total.  Música]
                                                               
  Fin de la primera escena del Primer Acto.


--

--